Soy ausente
cuando la ausencia me amenaza.
Aunque los versos parezcan enamorarse
entre ellos,
se me impone la realidad.
Donde nada rima
se mantiene inquebrantable la parte de mí que no quiere ser tocada.
Las flores se disfrazan de rocas,
así la perdurabilidad deja de ser un problema
y el olvido parece algo sin importancia.
Si yo algún día seré olvido,
que no me pille desnuda y sin armas.
Me quedaré un rato navegando en la nada,
Pero no voy a dejar que la lluvia me deje empapada
y después helada.
Ya aprendí a no erizar mi piel por el aire templado.
Prefiero ser mi propia convulsión,
que aliento para corazones tibios.
Haré tormenta de versos
de desdenes cotidianos.
Así sobrevivo.

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