Aquellos días de primavera temprana
haciendo honor a los tópicos
embarrándose en un tórrido verano
que ardió más que toda una vida anterior.
Se prendieron fuego costumbres, pieles y portales.
Callejones llenos de guirnaldas,
charlas con pretensión de esperar el fin del mundo,
cantautores sonrojados.
El final del verano llegó
como una canción de una serie antigua.
Y el invierno se alzó extraño.
Primero el otoño arrasó con las hojas
y comenzaron a brotar las dudas,
las despedidas
los finales.
Ahora los soportales apestaban a fiestas al día después
Y se pausaron en el tiempo un sin fin de canciones.

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