peleando en el firmamento
como si aquí nadie dudase de ellos.
Y se me escapa una carcajada burlona.
Como si fuera verdad,
que de sus batallas se hicieron nuestros huesos.
Luego me vuelven a la tierra tus besos
y la hierba húmeda del suelo vuelve a ser todo lo que deseo.
Para los enjaulados los dioses eternos.
Para mí, la hierba, el rocío y tus momentos.

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