Hoy solo quedan flashes de caricias,
sonrisas guardadas debajo de los párpados,
maneras escondidas en otros rostros,
lágrimas y abrazos deslizándose, traslucidas,
en los cajones polvorientos de la cabeza.
Al final, solo pequeños retazos de otra vida
volatilizándose con el paso del aire,
flotando al son de alguna música
en letanía con los olores clásicos
de estaciones del año.
Y así, como plumas danzando sin peso alguno,
solo como motas de polvos pasados
que caben con suficiente espacio
en un tarro de cristal que jamás se romperá.
Estamos hechos de pequeños tarros de cristal
donde guardar suspiros, versos y promesas.
Si los miras con los ojos, no encontrarás nada
hay que mirarlos con la poesía vencida.

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