sin gotas que hinchen la arena
la inmensidad de la noche en la montaña
dejando al gris la puerta abierta,
la estampa de las casas parece una
postal muerta
el frío retiene a las pasiones como
esclavas
demasiada dosis de lo que hay fuera
las estrellas lucen demasiado apagadas
Mirar y sentir lo descomunal
es enorme el paisaje que abre la
soledad
en la que me he parado a pensar
no hay voces, no hay ruidos, la noche
se deja estar
todo ruido esconde silencio al final
Me pregunto porque me resulta tan fácil
(el pasado mojó el hoy)
sentirme así de frágil
que roca más desmenuzada soy
cuando el remolino intrusivo se
aventura ágil
Monstruos de la desidia
empujando mi lágrima hasta mi barbilla
y gotean derrotadas en sus maravillas
las ideas descontroladas de Alicia.
Es el apogeo dormido de contar los días
el terminar de la jornada sin oír al
tren repicar las vías
pues no se mueve nada
y huele la noche a la última parada.
Querer estar
en cualquier otro lugar
donde los segundos no teman a la
eternidad
sin el miedo de que mañana todo se
vuelva a replicar.
Acelerar, frenar, escapar,
al final solo dormir
sin tener claro quien soy, ni fui.
me temo
que no tolero
ni un instante sin sentir
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