Se van las luces a trozos
agotadas de alumbrar los embozos
de tantas miradas que evitaron sollozos
que no sintieron nada al caminar entre
los escombros
y deshilachan conscientes descosidos en
los rotos
como si no fuera suficiente el dedo
acusador a los despojos
nada duele más que el que no mira
donde muere otro
y gira la cara sabiéndose cómplice de
aquel corazón en congojo
esta ciudad jalea a sus anchas lo mejor
y lo peor
como huele hoy el parque de la chimenea
a sudor y a flor...
Un hombre hundido mirando al sur
soñando con volver a su tierra
pero la farola tintinea y se apaga su
luz,
ya esta cansado de esta contienda
pesa en sus hombros que tras 15 años
aún aquí le llamen extranjero
y así de vil es el destierro
Muchos que se dicen luchadores ni si
quiera hablaron con ninguno de ellos
¿por qué luchas tú?
Si no tocaste el hombro de tu pueblo
si no abrazaste su cuerpo rendido en el
desconsuelo
si no te acercaste a oler las batallas
perdidas a la sed
las derrotas diarias tras demasiado
beber
el alcohol corrompiendo la suavidad de
su piel
destartalando de un sorbo los trazos de
su fé
y dices que los defiendes De qué?
Si ni siquiera eres capaz de sentarte a
beber de su enturbiado té.
Omar me habla de sus gatos
del gato blanco y amarillo que le busca
cada noche
“me despierto cada mañana y está a
mi lado
pero no es mi gato, cuidado
el me elije como compañero cuando está
agotado”
Sonríe y mira a sus cartones, donde
está dormido su gato
y sus ojos borrachos se adivinan
vidriosos
inundados por el temor de que alguien
se lleve a ese gato.
Nada teme más que alguien pueda
llevárselo o matarlo.
También le gusta escuchar a los
pájaros
recuerda un jilguero que como él,
durmió en su parque un verano
y mira los árboles a lo alto.
Nunca más volvió a haber un jilguero
y sonríe contento, “el jilguero es
libre no esperes otro final para este cuento”
Ahmed me pide que me aleje con él para
llorar a gusto
recordando a los hijos que no puede ver
a través del muro de lo injusto
“no tengo trabajo para que se siga
enriqueciendo algún rey”
me dice
“vuestro campechano amigo del nuestro
así les rajase alguíen el cuello”
me dice
“yo solo quiero un trabajo y ver a
mis hijos
ellos nadar en dinero y amasarlo
no es cierto que seamos iguales todos
los humanos
bueno quizás ellos no lo sean , o
simplemente son imbéciles
tan huecos que ven cabras donde hay
palomas
¿cómo pueden mirar a su pueblo y no
ver el drama que lo asola?
Ah... que idiota, si lo ven, y les
encanta
porque mientras más llore yo, ellos
más ganan”
Ahmed me abraza .
"Si robo dos latas de sardinas soy un delincuente
si robo millones podría ser presidente,
quiero volver a Marruecos a ver a mi
padre
está enfermo
y yo en este país no se que estoy
haciendo, bueno si despacito muriendo
pero eh, sigo sonriendo”

No hay comentarios:
Publicar un comentario